lunes, 21 de octubre de 2013

Olvidos

No la recuerda. La mira, pero no la recuerda. Ella insiste. Que sí, que soy yo. Tienes que acordarte. Él le pide perdón, pero no la recuerda. Empieza a fastidiarle. Pero ella no cede. Tienes que acordarte. Y los ojos se le empañan. Él se ablanda. A lo mejor no soy yo. Se ha equivocado usted. Pero no, ella está segura. Habla llorando. Tanto he cambiado. Él no puede decirle nada. La mira llorar. Lo siento. Ella hace un gesto con la mano. Él se aleja. La observa desde la distancia. Aún llora.


Él la recordaba. Recordaba a aquella niña de la que la mujer hablaba. Fue su primer amor. No su primera novia. Con ella aprendió que el amor era amargura. Arrastró esa enseñanza toda su vida. La recordaba, sí, pero no reconocía a aquella niña en esa mujer saturada de tiempo y vulgaridad.

Balada de la Primera novia, de Alejandro Dolina. Lectura de Riforfo Rex
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3 comentarios:

  1. El otro día estaba arreglando una repisa cuando eché a correr esta grabación: empecé arreglando la repisa y terminé llamando a la mujer de mi vida, a una de ellas, por teléfono.
    Un abrazo.

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  2. ¡Vaya!, recuerda la conclusión del relato, hay que saber detenerse a tiempo.

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  3. Pienso ahora, que es como si en nosotros anidaran varios seres: las distintas versiones que hemos sido, y algunos de esos entes de repente aparecen y toman el control, pero son entes fuera de contexto a los cuales el presente se les suele antojar extraño, cuando no directamente hostil.

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